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miércoles, 4 de mayo de 2011

Una realidad incómoda

Hoy, como no es costumbre en este nuestro blog, comentaremos una viñeta aparecida el pasado 30 de abril en la web CuantoCabrón.com, la cual me ha provocado un embarazoso ataque de risa en clase de Derecho de la Información y la Comunicación. La imagen es la siguiente (perdonen que se salga del marco, pero soy periodista y no informático, ¿vale?):


En primer lugar, observamos a un joven acabezado – esto es, de cabeza grande – que, como todo el mundo en su rutina diaria (redundancia), lee las noticias de sucesos de El Mundo para así mofarse de las desgracias ajenas. De repente, encuentra el titular más desternillante del día y procede a miccionar en el baño del regocijo que le ha producido, concretamente en el lavabo (¿quién no mea ahí?).
Sin embargo, en la pila con grifos y desagüe halla un terrible caimán enfurecido (y de plástico) con toda la intención de despedazar a su presa. Este momento es crucial en el desarrollo de la viñeta, pues a partir de ahora notaremos un cambio en la apariencia de nuestro protagonista, que pasa a adoptar el rostro de Yao Ming. Recibe un impulso divino que le induce a estudiar ininterrumpidamente. Va a clase, se gradúa, seguidamente consigue trabajo en la NASA (sin comentarios), se monta en una especie de aparato sexual enrevesado y despega en un cohete a la Luna.
Ya en espacio exterior, el amigo rodea un par de planetas de colores inefables y descubre vida inteligente. Los cinco marcianos que lo rodean en la ilustración posterior obtienen por ciencia infusa la misma cara que nuestro héroe, probablemente debido a las palabras que éste les dedica: “ѭWC=*caimán*”.
Pero la historia no termina aquí. Un ejército de Yao Mings montados en platillos volantes sale de su planeta natal con el propósito de destruir la Tierra y la vida existente en ella. ¿El motivo? Es evidente.
El relato tiene un final cerrado, redondo, perfecto, magistral para un creador anónimo. El globo terráqueo estalla y en su epitafio data la fecha de la destrucción: 21/12/2012.

sábado, 16 de abril de 2011

Dicho popular con juego de palabras

En el tren. En frente de mí, un hombre rubio, probablemente extranjero, con la mirada perdida. Tiene pinta de borrachillo, y el mensaje de su camiseta lo corrobora: “Si vous lisez ce message apres 4h00 du matin, merci de m’appeler un taxi”.
A su lado, un grupo de cinco jóvenes: tres chicas y dos chicos. Una es guapa, bastante; las otras dos no lo son nada. Parece que los chavales compiten por ella, mientras que las menos agraciadas se disputarán al despechado. Ahora sacan las Blackberries. Parece que, sin funda de color pálido cual globo, las Blackberries no son Blackberries. Blackberries.
El extranjero se baja en Guadalhorce. Una pena. Mientras tanto, la buenorra le entrega al chico que se ha quedado de pie, el que no tiene sitio en los asientos de cuatro, un papel para que se lo tire a la papelera. Le queda claro que lo tiene en el bote.
La chica que se sienta a mi izquierda me mira extrañada. Quizás le interese lo que escribo, le guste mi coletilla o le sorprendan las pintas que llevo hoy. Desde luego, indiferente no deberían dejar a nadie. Ahora se ha levantado. Se va a bajar y veo que le había echado 15 ó 20 años menos. Genial.
Me siento solo. Todos de pie y yo sentado. A lo mejor (más bien a lo peor) es que estoy muerto y no me ven. En cualquier caso, me bajo.
Adiós.

PD: Segundos más tarde comprobé que no había acertado prácticamente nada, pero prefiero mantener la intimidad de los protagonistas y no revelar datos íntimos. 

lunes, 4 de abril de 2011

Teorías imparciales

Hace unos días, mis compañeros de periodismo y yo mantuvimos una conversación con el articulista de Escuadra de Mago, que nos hablaba de una conspiración contra la Unión Deportiva Almería. El objetivo no es otro que el conjunto rojiblanco descienda a la División de Plata. Intrigado por sus argumentos decidí investigar la naturaleza de estas creencias en principio tan infundadas.
En primer lugar, es necesario saber que la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) es el organismo rector de todo el fútbol español, con competencias en el campeonato nacional, la LFP (Liga de Fútbol Profesional). El Presidente de la institución es el polémico Ángel María Villar, vasco y ex jugador del Athletic Club de Bilbao.
Sólo con la nacionalidad del susodicho se nos plantea un problema: ¿por qué vasco? ¿Acaso no es demasiado partidista el nombrar presidente a un personaje nacido en una ciudad española? ¿No debería ser de otro país, o de una ciudad sin representación en el fútbol? Véase Canillas de Aceituno.
Sin embargo, el hecho de que el máximo mandatario de nuestro fútbol sea natural de Euskadi no justifica un odio irracional hacia la U.D. Almería, por lo que he decidido hacer una minuciosa investigación a ambos clubes. Cuatro son los motivos que expondré a continuación:
1)      El día 25 de enero de 2009 se enfrentaron en el estadio Juegos del Mediterráneo la U.D. Almería y el Athletic Club de Bilbao, con resultado favorable al conjunto local (2-1). Eso suscitó el odio dentro del corazón del presidente hacia el equipo andaluz.
2)     En ese mismo partido el árbitro señaló dos saques de bandas claramente favorables al equipo vasco a favor del Almería. Además, Ustaritz fue amonestado con tarjeta amarilla habiendo recibido un golpe del tobillo de Corona justo en los tacos de sus botas.
3)     A lo largo de la historia, el Athletic de Bilbao nunca ha tenido un pichichi de ascendencia almeriense. De hecho, en la actualidad ninguno de los jugadores proceden de la ciudad andaluza.
4)     Según fuentes cercanas a José Antonio Mendieta, utillero del filial del Almería, el conjunto vasco trató de hacerse con los servicios del joven Nico García Gil en el verano de 2006. El director deportivo del equipo se negó de plano a traspasar al jugador, lo cual produjo una gran frustración a los directivos del Athletic y al propio Ángel María Villar.
Expuestos ya estos cuatro argumentos, creo que es obvio que existe una conspiración agresiva contra el equipo que dirige actualmente José Luis Oltra. Sin embargo, no abarcamos todas las posibilidades, ya que los más apocalípticos afirman que la Liga ha sido creada para que en la temporada 2010/2011 el Almería descienda, entre en quiebra y desaparezca.

jueves, 10 de marzo de 2011

Obiter dictum

Sufría de un papiloma en el pie izquierdo y es por eso que sus andares eran renqueantes. Tenía una extraña (o no tan extraña) fobia a los médicos que le hacía abstenerse de ir a las consultas. También temía a las enfermedades, pero eso no le dotaba del suficiente espíritu racional como para plantearse las cosas dos veces. Y lo peor de todo es que él lo sabía.
Hecha esta reflexión, conviene decir que paseaba aquella noche por una urbanización extraña y oscura. El olor a orina estaba presente y tenía intención de ocultarse hasta que a la mañana siguiente el jardinero hiciera sus labores. Caminaba rápidamente presa del terror paranoico que le invadía siempre que estaba lejos de su casa a horas donde la criminalidad asciende hiperbólicamente. Además, había advertido obiter la presencia de un extraño ente que, bajo los efectos del alcohol y seguramente de algún tipo de estupefaciente, le seguía con discutibles intenciones. “Será otra de mis imaginaciones”, pensó.
El sucio caminito le conducía hacia una plaza. El zigzagueo del senderillo y las ramas salientes le impidieron vislumbrar en primera instancia a un viejo hombre que se andaba en su dirección con dos bolsas de basura en la mano. El susto fue terrible, pero rápidamente se tranquilizó. Nunca habría pensado que ese inocente señor llevara dos rifles ocultos. De hecho, no los llevaba.
Pensó en advertir del peligro al anciano, pero la creencia de estar equivocado le hizo ser cómplice del asesinato que se produjo segundos más tarde. El hombre fue sorprendido con las manos ocupadas y poco pudo hacer ante su verdugo, que le embistió salvajemente y lo desplumó a navajazos como si de una almohada se tratara.
El joven asustado y asustadizo huyó y llegó a casa jadeante y exhausto de la carrera. Agradeció la sonrisa de su madre, aunque su expresión cambió cuando escuchó las primeras palabras de su madre: “Hola, hijo. ¿Has visto a tu padre? Ha salido hace un momento a tirar la basura”.

miércoles, 2 de marzo de 2011

El doctor Olaf

El Sr. Olaf no era una mala persona. De hecho, se le podía considerar todo lo contrario. Pero aquella noche se tomó una pequeña licencia para matar. Cuando tienes un mal día hay que pagarlo con alguien, y ese joven fue el mejor candidato.
Rápidamente se abalanzó sobre él. Sus gritos no le hicieron dudar. De un puñetazo le rompió varios dientes, sonrió y comenzó a apuñalarlo salvajemente: en el corazón, en el estómago, en los brazos, en el hígado, los riñones, en el páncreas, en el pene. Se aseguró que estaba muerto y empezó a patearlo; la cabeza, su lugar favorito. Una vez había desfigurado levemente su rostro, procedió de nuevo a sentarse sobre su zona púbica y usó la navaja como bisturí para abrir con lentitud y goce su agujereado tórax.
El Sr. Olaf disfrutaba como nunca. Estudiante de medicina, no se conformaba con las ilustraciones y los maniquíes, quería probar algo real. Sin titubear un segundo, perforó el cuerpo con sus vírgenes manos en búsqueda de órganos vivos que llevarse a la boca. Llevaba desde el mediodía sin comer, quería degustar las tripas del joven individuo y además comprobar si era cierto eso de que algunas partes del cuerpo son dulces. Cualquier visión descontextualizada sobre el señor recordaría a un bebé comiendo un yogur y no a un doctor en prácticas manducando un intestino.
De repente, dos cosas recorrieron su cuerpo. La primera un balazo que entró por la parte trasera de su riñón derecho. La segunda, una risa que se trasladó desde el vientre hasta las extremidades, una risa incontrolable que le hizo carcajear durante varios minutos. No podía sentirse más feliz. Era un hombre, un señor, un doctor realizado, había volcado todo su odio en un joven inocente y no sólo había acabado con sus penurias, sino que se sentía un ser superior.
En cuanto oyó las primeras sirenas de policía, huyó por el callejón y se enfundó el disfraz de Spider-Man para pasar desapercibido.