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lunes, 2 de mayo de 2011

jueves, 10 de marzo de 2011

Obiter dictum

Sufría de un papiloma en el pie izquierdo y es por eso que sus andares eran renqueantes. Tenía una extraña (o no tan extraña) fobia a los médicos que le hacía abstenerse de ir a las consultas. También temía a las enfermedades, pero eso no le dotaba del suficiente espíritu racional como para plantearse las cosas dos veces. Y lo peor de todo es que él lo sabía.
Hecha esta reflexión, conviene decir que paseaba aquella noche por una urbanización extraña y oscura. El olor a orina estaba presente y tenía intención de ocultarse hasta que a la mañana siguiente el jardinero hiciera sus labores. Caminaba rápidamente presa del terror paranoico que le invadía siempre que estaba lejos de su casa a horas donde la criminalidad asciende hiperbólicamente. Además, había advertido obiter la presencia de un extraño ente que, bajo los efectos del alcohol y seguramente de algún tipo de estupefaciente, le seguía con discutibles intenciones. “Será otra de mis imaginaciones”, pensó.
El sucio caminito le conducía hacia una plaza. El zigzagueo del senderillo y las ramas salientes le impidieron vislumbrar en primera instancia a un viejo hombre que se andaba en su dirección con dos bolsas de basura en la mano. El susto fue terrible, pero rápidamente se tranquilizó. Nunca habría pensado que ese inocente señor llevara dos rifles ocultos. De hecho, no los llevaba.
Pensó en advertir del peligro al anciano, pero la creencia de estar equivocado le hizo ser cómplice del asesinato que se produjo segundos más tarde. El hombre fue sorprendido con las manos ocupadas y poco pudo hacer ante su verdugo, que le embistió salvajemente y lo desplumó a navajazos como si de una almohada se tratara.
El joven asustado y asustadizo huyó y llegó a casa jadeante y exhausto de la carrera. Agradeció la sonrisa de su madre, aunque su expresión cambió cuando escuchó las primeras palabras de su madre: “Hola, hijo. ¿Has visto a tu padre? Ha salido hace un momento a tirar la basura”.

miércoles, 2 de marzo de 2011

El doctor Olaf

El Sr. Olaf no era una mala persona. De hecho, se le podía considerar todo lo contrario. Pero aquella noche se tomó una pequeña licencia para matar. Cuando tienes un mal día hay que pagarlo con alguien, y ese joven fue el mejor candidato.
Rápidamente se abalanzó sobre él. Sus gritos no le hicieron dudar. De un puñetazo le rompió varios dientes, sonrió y comenzó a apuñalarlo salvajemente: en el corazón, en el estómago, en los brazos, en el hígado, los riñones, en el páncreas, en el pene. Se aseguró que estaba muerto y empezó a patearlo; la cabeza, su lugar favorito. Una vez había desfigurado levemente su rostro, procedió de nuevo a sentarse sobre su zona púbica y usó la navaja como bisturí para abrir con lentitud y goce su agujereado tórax.
El Sr. Olaf disfrutaba como nunca. Estudiante de medicina, no se conformaba con las ilustraciones y los maniquíes, quería probar algo real. Sin titubear un segundo, perforó el cuerpo con sus vírgenes manos en búsqueda de órganos vivos que llevarse a la boca. Llevaba desde el mediodía sin comer, quería degustar las tripas del joven individuo y además comprobar si era cierto eso de que algunas partes del cuerpo son dulces. Cualquier visión descontextualizada sobre el señor recordaría a un bebé comiendo un yogur y no a un doctor en prácticas manducando un intestino.
De repente, dos cosas recorrieron su cuerpo. La primera un balazo que entró por la parte trasera de su riñón derecho. La segunda, una risa que se trasladó desde el vientre hasta las extremidades, una risa incontrolable que le hizo carcajear durante varios minutos. No podía sentirse más feliz. Era un hombre, un señor, un doctor realizado, había volcado todo su odio en un joven inocente y no sólo había acabado con sus penurias, sino que se sentía un ser superior.
En cuanto oyó las primeras sirenas de policía, huyó por el callejón y se enfundó el disfraz de Spider-Man para pasar desapercibido.

lunes, 28 de febrero de 2011

Teoría del rejuvenecimiento

Una de las mayores preocupaciones para lo sociedad actual, y más específicamente para las clases con más posibilidades económicas (porque me niego a llamar burgueses a los famosuchos), es la búsqueda de tratamientos o terapias para mantener un cuerpo más joven y acorde a laedad mental.
Hoy propongo una fórmula impecable para acabar con las arrugas y las atrofias, ya que no sólo se preocupa por el exterior del que recibe la “medicación” sino también por el aspecto interior. Olvídense de procedimientos obsoletos como el bótox o las operaciones quirúrgicas.
A continuación haré una pequeña introducción para una mejor comprensión del tratamiento.
Como sabemos, la Tierra se divide en varias franjas de hora denominadas husos horarios. El horario central lo establece el Meridiano 0 (o de Greenwich), que pasa, entre otros países, por Inglaterra, Irlanda, Portugal y Marruecos. Todas las naciones situadas al Este de esta línea imaginaria llevan el reloj adelantado entre 1 y 12 horas, y lo opuesto ocurre con las del Oeste. Así, mientras en Londres son las 19:05 (por el culo te la hinco), en Madrid son las 20:05 (una hora menos en Canarias, oh, oh), en Brasilia las 16:05 y en Vancouver las 11:05.
Ahora bien, supongamos que nos encontramos en las Islas Fiji, ubicadas al Este de Australia y cuyo reloj marca 12 horas más que el de los países del Meridiano 0. Consideremos además que son las 23:55 de la noche. Si viajamos hacia el Oeste y llegamos a Astana, capital de Kazajstán (GMT+3.00h) antes de que pasen 9 horas, que es la diferencia existente, habremos rejuvenecido la diferencia de tiempo (en caso de tardar 4 horas, la recuperación habría sido de 5). De igual manera, si aterrizamos en las Galápagos (GMT-6.00h) se amortizaría mucho más el viaje y sería mucho mayor el impacto saludable en el individuo.
De esta forma, se llega claramente a la conclusión de que cuanto más al Oeste nos desplacemos más jóvenes nos haremos siempre y cuando se emplee un tiempo menor a la diferencia horaria entre regiones. Él único problema: no todo el mundo dispone del dinero suficiente para adquirir un jet privado y la gasolina pertinente.
Si no es su caso: aproveche y rejuvenezca de la manera más sana.