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lunes, 3 de octubre de 2011

Teoría de los mapas geográficos

Desde hace muchos años existe algo en los institutos que ni las legislaciones gubernamentales ni las catástrofes naturales han podido cambiar: las clases de Geografía. En estas horas, tan poco emotivas y atrayentes para los estudiantes, se tratan aspectos de la vida tan necesarios como la tasa de mortalidad infantil, el cauce medio de los ríos, los climas tropicales o las pirámides de población en forma de campana. Pero al no verme con la capacidad intelectual suficiente para criticar este tipo de clases, me centraré exclusivamente en un conocimiento que, desde mi modesto punto de vista, es innecesario para los alumnos. No es otro que la memorización de los mapas, ya sean físicos o políticos. Y os preguntaréis, ¿por qué? Pues bien, lógicamente no me atrevería a emitir un juicio tan arriesgado y precario sin haberlo meditado con anterioridad, y a continuación expondré los razonamientos que me han llevado a esta teoría. En primer lugar, por todos es sabido que la Tierra, tal y como la conocemos, está en constante devenir y cambio. La teoría de la deriva continental ha demostrado que las placas litosféricas se mueven cada año algunos centímetros a causa de las corrientes de convección, y al igual que hace millones de años los cinco continentes -Asia, América, Europa, África y Oceanía, por orden alfabético- que hoy tenemos eran uno, Pangea, en un futuro lejano tendremos una superficie terrestre completamente diferente a la actual. Quizás el Mar Mediterráneo sucumba y dé paso a la Cordillera Mediterránea, que sería frontera natural entre España y Libia, o la región del Tíbet se transforme en un gélido océano. A lo que quiero llegar con esto es que los profesores se engañan agarrándose a un conocimiento incierto y que no tiene un futuro definido. Si la geografía mundial va a cambiar, ¿para qué estudiar un mapa que sabemos que va a cambiar no dentro de mucho, con la consiguiente obligación de tener que estudiar otro? Es un saber desprovisto de pilares, que no se sustenta en nada. Puede que no me haya explicado del todo bien, así que pondré un ejemplo más práctico. Hay personas que, ya sea por diversión o por obligación, memorizan poemas de autores de renombre, como la famosa canción del pirata de Espronceda ("Con diez cañones por banda / viento en popa a toda vela / no corta el mar sino vuela / un velero bergantín.."-. Imagínense ahora que hay que ir memorizándolo desde el mismo momento en el que el poeta empieza a escribir, y cada borrón o tachón que haga es una palabra retenida que hay que desechar. Absurdo, ¿no? Pues en esto me baso. Insisto, modestamente, en forzar al gobierno de España, socialista y decadente, a prohibir el aprendizaje de los mapas geográficos.