Buenos días. Hoy os traigo una teoría de las que os gustan, de las que sirven para aprobar. Ésta, a diferencia de la primera y la segunda, tiene una serie de limitaciones que, de entrada, condicionarán su eficacia. Recuerda que todas estas argucias deben emplearse como último recurso y nunca como una herramienta para el aprobado inminente.
El principal requisito que debe cumplir el examen en cuestión es el de la longitud. Su extensión debe abarcar, al menos, nueve preguntas medianamente amplias. Además, el alumno deberá haber adquirido previamente una serie de conocimientos acerca de la materia, pues sin ellos la base teórica resulta inútil.
Toda vez que el estudiante haya aprehendido al menos un tercio del temario de la asignatura, se pasa a la aplicación práctica de la teoría. El usuario ha de responder, al menos, un par de preguntas correctamente, de manera que se le garantice una cuarta parte del aprobado. Si se arriba hasta ese punto sin ningún tipo de menoscabo físico o emocional, sólo resta montar en la bicicleta y pedalear hacia el suficiente.
La treta consiste en contestar todas y cada una de las preguntas y reescribir las acertadas, al menos dos veces, a lo largo del examen. Conviene, por tanto, guardar cierta distancia entre la réplica original y su reproducción, así como utilizar una terminología desemejante para prevenir posibles sospechas. De este modo, el profesor volverá a corregir las cuestiones y las valorará por duplicado, doblando así la nota del alumno.
Por último, el usuario se reserva un as bajo la manga. En la revisión, si el profesor ha evaluado con distintas calificaciones las dos respuestas a la misma pregunta, el estudiante puede aclarar que dicha disparidad es imposible, pues ambas contestaciones son idénticas en su contenido pero diferente en su forma.