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lunes, 21 de febrero de 2011

Teoría para aprobar nº1

Para comprender la teoría de la reminiscencia hay que remontarse a la Grecia del siglo IV a.C., época en la que convivían sofistas y filósofos. Uno de los más importantes de estos últimos era el discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, Platón. Su postura filosófica se basaba en la "Teoría de las Ideas", la cual se centraba tanto en el terreno epistemológico como en el ético-político y está desarrollada en sus obras más importantes. Una de ellas, el "Fedro", cuenta el mito del carro alado, cuyo tema es una metáfora de su verdadero contenido, que es la teoría de la reminiscencia. Ésta defiende que el conocimiento consiste en recordar lo que anteriormente ya se sabía y no en conocer lo que no se entiende previamente, pues según el filósofo el alma pierde todo recuerdo del mundo de las Ideas al volver al mundo inteligible y verse encerrada en su jaula, el cuerpo. Hasta aquí todo correcto. Ahora bien, esta bella teoría tiene lógicamente una aplicación en el terreno académico que las masas desconocen y que podría suponer un grave peligro. Imáginemos una situación inverosímil y prácticamente utópica: un estudiante llega a un examen sin haber estudiado. Supongamos ahora que, para mayor inri, esta prueba consta de una sola pregunta: una tabla periódica en blanco, lo cual implica que el coeficiente intelectual del alumno y su alta capacidad para, como se dice vulgarmente, "enrollarse" no sirven de nada. Aparentemente el joven está sentenciado. Pero estrujando un poco las pequeñas células grises del cerebro se puede llegar fácilmente (¿quién no la conoce?) a la teoría de la reminiscencia de Platón. El estudiante puede elegir rechazarla y seguir exprimiendo su coco pensando en esas complicadas reglas mnemotécnicas ("Buen cazador nunca osa fallar") o si aplicar dicha teoría a la práctica. Dando por hecho que el alma del chico lo conocía todo, y que dentro de ese todo estaba implícita la tabla periódica, se llega a la conclusión de que uno sabe la tabla periódica perfectamente. Esto es algo indiscutible, como lo fuera el "Cogito, ergo sum" cartesiano, y por tanto el maestro pertinente no puede suspender a su alumno. Si se pide saber, y se sabe (pese a que no se recuerda), el alumno debe aprobar. Por tanto, solicito que si es evidente que el alumno tiene los conocimientos que se necesitaban tener y además tiene una excusa fundamentada ("mi alma lo ha olvidado, pero me lo sé"), ha de conseguir, no un fútil aprobado, sino una alta calificación ¿Quién no ha olvidado algo alguna vez?

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