Hoy dos tonterías. Para dar constancia de mi provisional existencia.
1. Preservativos Control Hot Mix. Una nueva forma de disfrutar de tus relaciones sexuales, de vivir experiencias distintas. Condones con fuego.
2.Un taxista. Un taxista cualquiera, o un taxista como éstos. Da igual. Un día se toma un pequeño descanso entre horas. Normal, una jornada entera sentado agota. De repente se da cuenta de que tiene el taxímetro activado. Han pasado uno, dos, cinco, veinte minutos, y aunque no ha recorrido mucho espacio el dinero ha ido subiendo céntimo a céntimo. El importe excede sus posibilidades, no se lo puede permitir. Maldice al gremio de los taxistas
Su película favorita: Piratas del Caribe. Su sueño: ser navegante.
Aquella noche era como cualquier otra. El joven, de nombre Agripino, se dirigió a su camastro y, una vez recostado, comenzó a fantasear. Poco a poco iba cerrando los ojos y se imaginaba a sí mismo en una gran carabela.
Era un día lluvioso y la cubierta se encontraba tan resbaladiza que bien se podría colocar un cartel de aviso. Nuestro compañero estaba allí., cumpliendo su sueño. Era el timonel. El capitán del barco, un señor de pelo marrón, canoso y con bigote, se dio la vuelta y, con un gesto de terror en el rostro, gritó en altas voces: “¡¡¡TODO A ESTRIBOR!!!”.
El joven, de nombre Agripino, procedió a girar violentamente el timón hacia la izquierda. Le dio tres o cuatro vueltas completas. Sin embargo, era tan poser de la navegación que no sabía si para virar a estribor había que tomar la izquierda o la derecha. De hecho ni siquiera sabía si los movimientos debían ser así o, por el contrario, había que rotar el timón levemente como si de un coche se tratara. La ilusión, por tanto, se tornó en una inseguridad asesina.
La situación, predestinada al fracaso, empeoró cuando escuchó el clásico “¡¡¡IZAD LAS VELAS!!!”. Emprendió la carrera hacia un lugar donde se hallaban varias cuerdas, agarró una de ellas y se dejó caer hacia atrás para tirar más eficientemente de ella. Como se puede adivinar tampoco sabía con exactitud qué era lo que estaba haciendo. Es por eso que durante un momento deseó que todo fuera una pes
Y va el protagonista caminando por la calle. Todo tranquilo. De repente se encuentra un grupo de personas. Total y completamente exaltadas, dispuestas en torno a un pequeño espacio, en forma de círculo. Un bullicio. Siente la imperiosa necesidad de abrirse paso, apartar a cada uno de aquéllos que observan la tragedia hasta llegar al seno. Sabe que algo le espera allí.
Al llegar encuentra a un señor tirado. No lo conoce absolutamente de nada, no lo ha visto en su vida.
Se acercan los exámenes y va siendo hora de biblioteca. Digo “se acercan” porque me parece un buen comienzo, no porque sea así, ya que más de uno (me incluyo) se encuentra en estos momentos metido de lleno. En la biblioteca se pueden hacer muchas cosas. Cuando alguien está cansado, lleva las cosas muy bien o directamente se la refanfinfla lo que estás estudiando se suele dar pie a otras labores. Desde toquetear la Blackberry a pensar o escribir. Yo hoy he optado por estas dos últimas, seguramente porque no tengo Blackberry. En concreto he elaborado una clasificación de las personas que allí acuden según varios criterios. Los desarrollo aquí:
Orientación sexual. Distinguimos tres tipos:
-Heterosexuales: la categoría más común en la calle y posiblemente la menos usual dentro de estas cuatro paredes.
-Homosexuales: gran parte de los que estudian prefieren acompañantes del mismo sexo. Y no me extiendo más para no ser tachado de homófobo aún sin decir nada ofensivo.
-Indefinibles: lo conforman un grupo de ¿personas? mayor al de los heterosexuales y se caracterizan por la indescriptible sensación que producen.
Tipo de persona:
-Estudiosos: los que van a estudiar y, además, estudian.
-Susceptibles: están pendientes a cualquier movimiento para humillar al personal. No tienen por qué ser del grupo de estudiosos.
-Habladores: la biblioteca es su vía de escape al aburrimiento. Ni siquiera necesitan llevar apuntes. Ocupan sitio.
-Avariciosos: este título corresponde únicamente a El Hombre más hijo de puta del mundo, pero es digno de mención. Aquellas personas que esconden los periódicos para luego descubrirlos y hacer en ellos los crucigramas.
-Paseantes: como escribió Miguel de Unamuno, “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Parece que este tipo de personas se han tomado muy en serio esta frase y se dedican a cubrir la labor social de crear senderos por la biblioteca. Cuenta la leyenda que también gozan de un sitio.
-Aspirantes a policía: suelen aparecer en época de oposiciones y luego se esfuman como el humo de un cigarro. Su vigorexia les hace ocupar varias sillas.
-Mixtos: combinan rasgos típicos de otros grupos.
Clase social:
-Estudiantes: lo dice la palabra.
-Canis: buscan cualquier distracción en la biblioteca. Suelen portar agendas con las fotos de sus mejores amigos (dedicadas) y estuches de tamaño hercúleo y rellenos de rotuladores multicolores con olor propio y purpurina.
-Jubilados: se presentan para leer el periódico apaciblemente en la zona de lectura.
Olor. Se dividen en:
-Normales: ni bien ni mal, ni fu ni fa, ni Ortega ni Gasset (lo sé, es muy típico (en realidad no (¿o sí?))).
-Sudorosos: habeces no tienen la culpa por el calor imperante en la región, pero en la mayoría de ocasiones sí.
-Perfumados: por costumbre, vicio u otros motivos, desprenden olores no siempre agradables.
-Fumadores: la gente los teme cuando vuelven de su descanso. Dicen que al haber silencio el olor se propaga con mayor rapidez e intensidad.
Había pensado más, pero es que este es mi blog y escribo lo que me sale de los cojones.
Como un rayo precipitándose contra y partiendo el cráneo de un transeúnte. Como un Ferrari un coche rápido pasando a mi lado. Con esa imprevisible fugacidad decidiste prescindir de mi compañía. Al igual que en su día dijo Bertrand Russell, descendí del cielo en el que me encontraba para volver a la realidad, a un mundo dominado por la crueldad y la miseria. Caí a un pozo sin fondo del que nadie me podrá rescatar.
Siempre dijimos que éramos como el imperio romano. Poderoso, inquebrantable, estable, unido… pero nunca me había parado a pensar en cómo acabó el imperio romano. Dividido en dos. El primero, el occidental, sucumbió rápido ante las acometidas bárbaras; el segundo, el bizantino, resistió en la penuria varios siglos más. Exactamente como nuestro amor: tú te has dejado vencer y yo sigo luchando.
Te preguntarás qué tengo ahora mismo en la mente. Bueno, o quizás no. En cualquier caso te lo diré. Estoy destrozado. Me has arrancado el corazón de un mordisco como si de una manzana se tratara. Y lo que es peor: no te has encontrado medio gusano. Ni siquiera uno. Ni siquiera el holocausto. Mi vida ahora es el Mundo Sensible de Platón al lado de tu paraíso de las Ideas. Un reflejo malo, imperfecto, inservible y engañado.
¿Acaso alguien te ha querido, te ha cuidado, te ha alegrado los días, te ha dado el desayuno en la cama y te ha hecho sentir una dama como yo? CREO QUE NO, VAYA, HIJA DE PUTA. Perdón, no quería decir eso, mi amor. Lo siento, se me ha cruzado un cable y no lo he podido evitar.
Ahora se me vienen a la cabeza todos esos buenos momentos. Aquellas tardes patinando en la pista de hielo, los muchos amaneceres en la playa agarrados de la mano, esos pelillos que inexplicablemente se quedaban en la tapadera del inodoro cuando acababa de usarlo*, nuestros paseos veraniegos por el parque donde comprábamos cucuruchos y sonreíamos…
Poco más tengo que decirte. Has sido, sin duda, el amor de mi vida. Nunca encontraré a alguien como tú: tan sincera, alegre, divertida… Lo tenías todo y me dejaste sin nada. Me ha encantado conocerte y espero que algún día, cuando te des cuenta de lo que de verdad quieres, vuelvas a mí. Mientras tanto, seguiré esperándote.
Ha sido una semana increíble.
*Aclaración: ese fragmento no tiene absolutamente nada que ver con lo que estaba contando, pero es petición expresa de un gran amigo.
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BIBLIOTECA PÚBLICA ARROYO DE LA MIEL
Eso rezan los carteles que hay en cada mesa de la Biblioteca Arroyo de la Miel. Un enunciado simple a primera vista pero que tiene, a su vez, muchas lecturas.
Mi gran capacidad intelectual me ha proporcionado una serie de argumentos para esquivar el reglamento de la biblioteca y con los que uno puede pasear tranquilamente por los exteriores sin miedo a perder el sitio.
Para empezar, el método más básico consiste en salir con un cronómetro. Cada 14 minutos debes entrar a sentarte, al menos durante 5 segundos, para luego poder volver a salir en tranquilidad. Ventajas: nadie te lo puede quitar. Problemas: interrumpe la conversación que estás manteniendo y es necesario estar cerca de la biblioteca en todo momento.
En segundo lugar tenemos una teoría algo más compleja, pero no demasiado. Como todos sabéis, menos por menos es más. Los primeros quince minutos de descanso son incuestionables, pero luego entramos en otra peligrosa quincena en las que somos extremadamente vulnerables. Una vez que éstos han pasado, todo se vuelve una contradicción y el sitio regresa a su antiguo dueño. Han pasado quince minutos, sí, pero es que luego han vuelto a pasar otros 15 minutos, por lo que ha perdido el tiempo de ocupar tu sitio. Ventajas: recuperas el sitio. Problemas: no tiene ningún sentido, y aún así hay 15 minutos de desprotección.
Otra manera un tanto repelente, aunque judicialmente correcta, es exigir pruebas al ladrón del sitio. Evidentemente no las tendrá, así que no hay manera de que ocupe tu puesto. Ventajas: has recuperado la localidad mediante el diálogo y el talante. Problemas: puedes recibir un elegante bofetón.
Todo el mundo tiene un amigo invisible. Al menos yo lo tengo y, por tanto, puedo jugar con él para argumentar. Si mi silla es sustraída por un astuto estudiante, indico que se encontraba en posesión de mi compañero imaginario, que justamente se había sentado cuando se cumplimentó el margen de quince minutos. Pero la cosa no acaba aquí. Si el que ocupa tu lugar considera que tus capacidades mentales no son plenas, tienes derecho incluso exigir el puesto por ser discapacitado o denunciarlo por violar tu derecho al honor. Ventajas: los amigos invisibles son infinitos. Problemas: debes simular trastornos psicológicos por el resto de tu vida.
Esto es todo por hoy. Si encuentro más os lo haré saber.