Su película favorita: Piratas del Caribe. Su sueño: ser navegante.
Aquella noche era como cualquier otra. El joven, de nombre Agripino, se dirigió a su camastro y, una vez recostado, comenzó a fantasear. Poco a poco iba cerrando los ojos y se imaginaba a sí mismo en una gran carabela.
Era un día lluvioso y la cubierta se encontraba tan resbaladiza que bien se podría colocar un cartel de aviso. Nuestro compañero estaba allí., cumpliendo su sueño. Era el timonel. El capitán del barco, un señor de pelo marrón, canoso y con bigote, se dio la vuelta y, con un gesto de terror en el rostro, gritó en altas voces: “¡¡¡TODO A ESTRIBOR!!!”.
El joven, de nombre Agripino, procedió a girar violentamente el timón hacia la izquierda. Le dio tres o cuatro vueltas completas. Sin embargo, era tan poser de la navegación que no sabía si para virar a estribor había que tomar la izquierda o la derecha. De hecho ni siquiera sabía si los movimientos debían ser así o, por el contrario, había que rotar el timón levemente como si de un coche se tratara. La ilusión, por tanto, se tornó en una inseguridad asesina.
La situación, predestinada al fracaso, empeoró cuando escuchó el clásico “¡¡¡IZAD LAS VELAS!!!”. Emprendió la carrera hacia un lugar donde se hallaban varias cuerdas, agarró una de ellas y se dejó caer hacia atrás para tirar más eficientemente de ella. Como se puede adivinar tampoco sabía con exactitud qué era lo que estaba haciendo. Es por eso que durante un momento deseó que todo fuera una pes
Querer no es poder...
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