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miércoles, 15 de junio de 2011

Gente de biblioteca

Se acercan los exámenes y va siendo hora de biblioteca. Digo “se acercan” porque me parece un buen comienzo, no porque sea así, ya que más de uno (me incluyo) se encuentra en estos momentos metido de lleno. En la biblioteca se pueden hacer muchas cosas. Cuando alguien está cansado, lleva las cosas muy bien o directamente se la refanfinfla lo que estás estudiando se suele dar pie a otras labores. Desde toquetear la Blackberry a pensar o escribir. Yo hoy he optado por estas dos últimas, seguramente porque no tengo Blackberry. En concreto he elaborado una clasificación de las personas que allí acuden según varios criterios. Los desarrollo aquí:

Orientación sexual. Distinguimos tres tipos:
-Heterosexuales: la categoría más común en la calle y posiblemente la menos usual dentro de estas cuatro paredes.
-Homosexuales: gran parte de los que estudian prefieren acompañantes del mismo sexo. Y no me extiendo más para no ser tachado de homófobo aún sin decir nada ofensivo.
-Indefinibles: lo conforman un grupo de ¿personas? mayor al de los heterosexuales y se caracterizan por la indescriptible sensación que producen.

Tipo de persona:
-Estudiosos: los que van a estudiar y, además, estudian.
-Susceptibles: están pendientes a cualquier movimiento para humillar al personal. No tienen por qué ser del grupo de estudiosos.
-Habladores: la biblioteca es su vía de escape al aburrimiento. Ni siquiera necesitan llevar apuntes. Ocupan sitio.
-Avariciosos: este título corresponde únicamente a El Hombre más hijo de puta del mundo, pero es digno de mención. Aquellas personas que esconden los periódicos para luego descubrirlos y hacer en ellos los crucigramas.
-Paseantes: como escribió Miguel de Unamuno, “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Parece que este tipo de personas se han tomado muy en serio esta frase y se dedican a cubrir la labor social de crear senderos por la biblioteca. Cuenta la leyenda que también gozan de un sitio.
-Aspirantes a policía: suelen aparecer en época de oposiciones y luego se esfuman como el humo de un cigarro. Su vigorexia les hace ocupar varias sillas.
-Mixtos: combinan rasgos típicos de otros grupos.

Clase social:
-Estudiantes: lo dice la palabra.
-Canis: buscan cualquier distracción en la biblioteca. Suelen portar agendas con las fotos de sus mejores amigos (dedicadas) y estuches de tamaño hercúleo y rellenos de rotuladores multicolores con olor propio y purpurina.
-Jubilados: se presentan para leer el periódico apaciblemente en la zona de lectura.

Olor. Se dividen en:
-Normales: ni bien ni mal, ni fu ni fa, ni Ortega ni Gasset (lo sé, es muy típico (en realidad no (¿o sí?))).
-Sudorosos: habeces no tienen la culpa por el calor imperante en la región, pero en la mayoría de ocasiones sí.
-Perfumados: por costumbre, vicio u otros motivos, desprenden olores no siempre agradables.
-Fumadores: la gente los teme cuando vuelven de su descanso. Dicen que al haber silencio el olor se propaga con mayor rapidez e intensidad.

Había pensado más, pero es que este es mi blog y escribo lo que me sale de los cojones.

jueves, 2 de junio de 2011

Elucubraciones bibliotecarias

AVISO IMPORTANTE
NO SE PUEDEN RESERVAR LOS PUESTOS DE LECTURA O ESTUDIO.
SI LS LUGARES OCUPADOS ESTÁN MÁS DE 15 MINUTOS LIBRES, PODRÁN OCUPARLO OTROS USUARIOS.
BIBLIOTECA PÚBLICA ARROYO DE LA MIEL

Eso rezan los carteles que hay en cada mesa de la Biblioteca Arroyo de la Miel. Un enunciado simple a primera vista pero que tiene, a su vez, muchas lecturas.
Mi gran capacidad intelectual me ha proporcionado una serie de argumentos para esquivar el reglamento de la biblioteca y con los que uno puede pasear tranquilamente por los exteriores sin miedo a perder el sitio.
Para empezar, el método más básico consiste en salir con un cronómetro. Cada 14 minutos debes entrar a sentarte, al menos durante 5 segundos, para luego poder volver a salir en tranquilidad. Ventajas: nadie te lo puede quitar. Problemas: interrumpe la conversación que estás manteniendo y es necesario estar cerca de la biblioteca en todo momento.
En segundo lugar tenemos una teoría algo más compleja, pero no demasiado. Como todos sabéis, menos por menos es más. Los primeros quince minutos de descanso son incuestionables, pero luego entramos en otra peligrosa quincena en las que somos extremadamente vulnerables. Una vez que éstos han pasado, todo se vuelve una contradicción y el sitio regresa a su antiguo dueño. Han pasado quince minutos, sí, pero es que luego han vuelto a pasar otros 15 minutos, por lo que ha perdido el tiempo de ocupar tu sitio. Ventajas: recuperas el sitio. Problemas: no tiene ningún sentido, y aún así hay 15 minutos de desprotección.
Otra manera un tanto repelente, aunque judicialmente correcta, es exigir pruebas al ladrón del sitio. Evidentemente no las tendrá, así que no hay manera de que ocupe tu puesto. Ventajas: has recuperado la localidad mediante el diálogo y el talante. Problemas: puedes recibir un elegante bofetón.
Todo el mundo tiene un amigo invisible. Al menos yo lo tengo y, por tanto, puedo jugar con él para argumentar. Si mi silla es sustraída por un astuto estudiante, indico que se encontraba en posesión de mi compañero imaginario, que justamente se había sentado cuando se cumplimentó el margen de quince minutos. Pero la cosa no acaba aquí. Si el que ocupa tu lugar considera que tus capacidades mentales no son plenas, tienes derecho incluso exigir el puesto por ser discapacitado o denunciarlo por violar tu derecho al honor. Ventajas: los amigos invisibles son infinitos. Problemas: debes simular trastornos psicológicos por el resto de tu vida.
Esto es todo por hoy. Si encuentro más os lo haré saber.