Él sólo era un empleado. Con seguridad el favorito del director, pero al fin y al cabo sólo un empleado. Su vida transcurría con tranquilidad en la oficina, y sus primitivas aspiraciones a la jefatura de ésta se habían disipado totalmente hacía tiempo. Comprendía que el mandato no estaba hecho para él, que sería más feliz siendo un trabajador vulgar a la vez que ligeramente privilegiado. Pero donde hubo fuego quedan cenizas.
Siempre contaba con lo que muchos de sus compañeros querían poseer. Jugaba al golf asiduamente con el jefe y el director, su elevado sueldo mensual lo situaba en una clase media-alta. Le permitían ciertos retrasos y, por supuesto, algunos días salía temprano. Su vida amorosa era sencillamente satisfactoria, simple. No era un enamorado de las mujeres ni un alocado perseguidor del placer. Podría decirse en terminología docta que follaba cuando le salía de los putos cojones.
A veces las palabras salen solas. Volviendo al trabajo, un buen día, en el que como de costumbre llegaba con no más de una docena de minutos de retraso, comenzaron a extenderse una serie de rumores que lo colocaban en la jefatura. Su encomiable labor en la empresa era indiscutible, y no era de extrañar un futuro ascenso. Pero su situación actual era cómoda, y es por eso que le desagradaba la idea de ocupar el puesto de su superior (y amigo).
Un día, sin previo aviso, lo cual es redundante porque el aviso tiene que ser anterior al hecho para ser un aviso, aviso, y no posterior. Un día, sin previo aviso, su jefe fue despedido, y la incertidumbre se acentuó en la oficina. Parecía un secreto a voces la destitución, por una parte irracional, ya que no había motivos para ella, del superior en favor del joven empleado.
“¿En serio vas a ser nuestro nuevo jefe?”. “¿Pero por qué han echado al jefe? Si iba todo bien”. Sus camaradas sospechaban, él se molestaba. No quería ser jefe. ¿Para qué ser jefe? Es un trabajador normal, feliz, corriente, contento con su puesto. No necesita un puesto superior.
Pero las tentaciones (de poder) son muy grandes. El ascenso parece inminente y lo vive con miedo. Nadie debería haberle sacado de su sitio, sus aspiraciones estaban asimiladas, en su cabeza no cabían dudas. Sabe que un mayor cargo conlleva mayores responsabilidades, y con ellas el joven es incapaz de vivir. No se quiere ver en esa situación, no quiere desbancar a su antiguo jefe y amigo.
Todo sería más fácil si él volviera. Pero injusta e irremediablemente está ahora despedido, y parece que tiene poca vuelta atrás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario