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sábado, 12 de febrero de 2011

Grandes noches de discoteca

Las noches de fiesta dan mucho juego. Cuando no es por las inutilidades que se te ocurren al estar bajo los efectos del alcohol es por los siempre cuantiosos acontecimientos que rozan lo inverosímil y lo absurdo. La de ayer no fue para menos.
Me encontraba tranquilamente en la discoteca White, desplazándome de una parte a otra del lugar acompañado de mi grupo de amigos (o más bien, amigas) cuando de repente me agarraron del brazo. Giré sobre mí mismo y encontré a dos mozas sedientas de amor. La pregunta no se hizo esperar: “Oye, ¿te gusta mi amiga?”.
Es difícil responder en este tipo de situaciones. Evidentemente “sí” no era lo que estaba pensando, pero un “no” puede resultar grosero. Es por eso que decidí tirar de imaginación y enunciar una de las frases más necias y a la vez más recurridas por mí: “Es que yo soy asexual”. De inmediato se produjo en su cerebro un proceso de disonancia cognitiva que le hizo volver a preguntarme: “¿Eso qué es?”. Titubeante, aclaré: “Que no te gustan los hombres ni las mujeres”. El semblante de la chica reflejaba cierto asombro, y con un simpático ademán que hacía agitar sus manos replicó: “Pero entonces, ¿tú no follas?”.
La conversación se me iba de las manos, y no pude hacer otra cosa que negarlo: “No”. Esta respuesta transformó el diálogo en un discurso con intenciones jocosas y humillantes. Con una sonrisa en los labios, se atrevió a hacer una última interpelación: “¿Y los caballos? ¿Te gustan los caballos?”. Con toda la intención del mundo de deshacerme de ellas y de continuar lo que quedaba de noche sin tribulaciones, respondí tajante: “Sí, son mi pasión. ¿Me presentas un caballo?”.
Algunos instantes más tarde, volvía a mi hábitat con mi gente. Una historia para recordar.

1 comentario:

  1. jajajaja =D
    creo que me uno a Alberto... pronto crearemos tu club de fans...
    ídolo!
    jajajajajajajajajjaja

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