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martes, 24 de mayo de 2011

Manual de Twitter

Hola, ¿qué tal? No hace falta que respondas, me importa una mierda. Hoy os voy a hablar de cómo dar un buen uso a una red social, concretamente Twitter. Quizá tu ignorancia te haga discrepar de mis criterios, pero ten seguro que éstos son  los verdaderos.

1. Twitter es una red de información, no una red social. Debes poner única y exclusivamente contenidos informativos. A nadie le interesa lo que hagas en tu vida personal.
2. Las noticias pueden ir seguidas o no de comentarios interpretativos. Éste último caso es absurdo explicarlo, simplemente pulsar la herramienta de Twitter en el medio y colgar la noticia. Garantía: 300 followers.
3. En el caso de incluir una opinión crítica, siempre debe tratarse de un ataque a la corrupción del Partido Popular o, en menor medida, a la ineptitud de Zapatero para llevar el gobierno. Nunca te salgas de ahí.
4. Si recibes respuestas, no respondas excepto si son halagüeñas. No necesitas exponerte a críticas innecesarias.
5. Piensa siempre lo que vayas a escribir. Todo puede ser malinterpretado por esos  famosos trolls de internet que no tienen otra cosa que hacer que intentar arruinarte la vida. No cuentan con argumento alguno ni capacidad de raciocinio, sólo quieren reírse de gente importante.
6. Alaba lo que necesite ser alabado, no importa caer en contradicciones. Asimismo, no critiques, difames, reproches o ridiculices a nadie aunque esa persona haga todo lo posible porque así sea. Recuerda recurrir siempre a los tópicos.
7.  Usa una foto en la que salgas lo más risueño/a y elegante que puedas. No importa que esté retocada o que sea la mejor que te has hecho en tu puta vida.
8. Por último, y lo más importante de todo: todos estos pasos son perfectamente prescindibles, pero no dudes en condenar a los que no los sigan.

Otro saludo.

martes, 17 de mayo de 2011

Otra [falsa] biografía

Como habréis deducido por el nombre de la web, mi nombre no es Antonio sino Manolo (he de decir que no tengo nada en contra de los Antonios). También habréis podido deducir que lo de Guapo no es mi apeyido sino mi cualidad más notoria.
Soy un estudiante de periodismo que siempre ha querido ser fisioterapeuta, pero la obstinación de mi madre y mi incapacidad para sublevarme han hecho que me encuentre en esta carrera. Por ello, me he adaptado a la profesión y he escogido una serie de referentes: Alfredo Urdaci, Pedro Piqueras, Salvador Sostres y Carlos Cuesta. Efectivamente, no me gustan ni Belén Esteban ni Jorge Javier Vázquez pese a haber sido comparado con uno de ellos (en concreto con el segundo) por un docente.
Pues eso, que como me dijeron que todo periodista tenía que ser afín a una corriente ideológica. No distingo muy bien la izquierda y la derecha, “siempre me lío” como dice alguna gente, pero sí sé con cuál comulgo: con el que subvenciona a las clases más bajas. Me explico por si alguien no está muy al tanto: existen dos partidos, el PP y el PSOE. El primero se dedica a dar dinero a los ricos, y el segundo a los pobres. Como todos somos iguales y todos tenemos derecho a una vida digna, creo que la mejor opción es el partido socialista. Además, el poder debe residir en el pueblo, ya que tenemos la capacitación total para gobernar el país y lidiar con los problemas.
No me extenderé más en cuanto a mis ideales y pasaré a hablar más sobre mí, sobre mi alma y mi cuerpo. Siempre me han enseñado de pequeño que hay que destacar, y es por eso que cometo algunos actos que tranquilamente podrían ser calificados como “excéntricos”, tales como llegar tarde a clase, no peinarme, sonreír aunque me están insultando, llevar un calcetín de cada color… Habréis comprobado que no soy, para nada, un chico normal.
Por último, quiero reseñar mis gustos. Me encanta el fútbol, estar con mis amigos y la música (de todo un poco). Estoy en contra del alcohol del tabaco, porque son perjudiciales para la salud. Pero la mejor manera de conocerme es contactar conmigo. ¡Te espero! ;)
Y sí, lo sé, apellido es con “ll”. Es otra de mis excentricidades.

sábado, 14 de mayo de 2011

Petrodólares

El otro día escribí una entrada. Fue anteayer, y mi inspiración había llegado a su momento álgido. No podía creer lo bien que estaba escribiendo, las palabras me salían solas. Casi no estaba tecleando y la pantalla se llenaba de letras que formaban un conjunto tan perfecto que parecía que hacían el amor entre ellas. Una orgía de caracteres. Las vocales aprovechaban su minoría numérica para pillar cacho de cada una de las consonantes. Incluso se llegaba a ver incesto entre letras del mismo origen.
Yo estaba orgulloso de mí mismo y de mi composición. La perfección platónica plasmada en un documento de Word, en http://solosoyotroperiodistadiletante.blogspot.com/. La idea de artículo. Entonces, divagué en lo más profundo de mi mente y empecé a pensar en las repercusiones que tendría tal maravilla. Seguramente varios diarios locales se harían eco de lo que escribí, de ellos pasaría a algunos nacionales. Todos fascinados con mi entrada. El País, La Razón, El Importuno, El Mundo.
Mi teléfono se convertiría en objeto de deseo. Me querrían como colaborador. A mí, a un joven estudiante de primero de Periodismo que apenas tiene 17 años (en realidad tengo 18, pero decirlo me hace sentir un anciano). Quizás, seguramente, obtendría el Premio Nobel de Literatura, consagrándome como uno los mejores escritores de la historia. A la altura Selma Lagerlöf, Ivo Andric, Kawabata Yasunari o Mario Vargas Llosa entre otros ilustres.
Entonces, accedí a http://www.blogger.com/home, introduje mi nombre de usuario y mi contraseña (“123456”) y cliqué en NUEVA ENTRADA. Pegué lo que había escrito y pinché PUBLICAR ENTRADA. El goce fue inefable. Rápidamente pulsé en la herramienta de Twitter para compartir el placer con mis más acérrimos seguidores (la mayoría, políticos de UPyD), pero incomprensiblemente no funcionaba. Le di una, dos, diecisiete, cuatrocientas ochenta y dos veces; agujereé el ratón con mi musculoso dedo índice derecho; pateé el teclado de mi portátil. Pero seguía fallando. Era esto.
Conclusión: mi texto está en paradero desconocido. Quizás se haya convertido en la nueva X de los Gal, o trabaja con Hitler de camarero en Argentina, o esté oculta entre la lista de Bildu, o está con Gil dondequiera que éste se encuentre. Pero en mi ordenador no está, y en la web tampoco. Así que os quedáis sin leerla. Y yo sin mis riquezas.

sábado, 7 de mayo de 2011

Ser profesor

Hacerse profesor. Recorrer las mesas, una por una, para ver lo que los alumnos escriben en el ordenador. Poder descubrir sus mejores virtudes.


miércoles, 4 de mayo de 2011

Una realidad incómoda

Hoy, como no es costumbre en este nuestro blog, comentaremos una viñeta aparecida el pasado 30 de abril en la web CuantoCabrón.com, la cual me ha provocado un embarazoso ataque de risa en clase de Derecho de la Información y la Comunicación. La imagen es la siguiente (perdonen que se salga del marco, pero soy periodista y no informático, ¿vale?):


En primer lugar, observamos a un joven acabezado – esto es, de cabeza grande – que, como todo el mundo en su rutina diaria (redundancia), lee las noticias de sucesos de El Mundo para así mofarse de las desgracias ajenas. De repente, encuentra el titular más desternillante del día y procede a miccionar en el baño del regocijo que le ha producido, concretamente en el lavabo (¿quién no mea ahí?).
Sin embargo, en la pila con grifos y desagüe halla un terrible caimán enfurecido (y de plástico) con toda la intención de despedazar a su presa. Este momento es crucial en el desarrollo de la viñeta, pues a partir de ahora notaremos un cambio en la apariencia de nuestro protagonista, que pasa a adoptar el rostro de Yao Ming. Recibe un impulso divino que le induce a estudiar ininterrumpidamente. Va a clase, se gradúa, seguidamente consigue trabajo en la NASA (sin comentarios), se monta en una especie de aparato sexual enrevesado y despega en un cohete a la Luna.
Ya en espacio exterior, el amigo rodea un par de planetas de colores inefables y descubre vida inteligente. Los cinco marcianos que lo rodean en la ilustración posterior obtienen por ciencia infusa la misma cara que nuestro héroe, probablemente debido a las palabras que éste les dedica: “ѭWC=*caimán*”.
Pero la historia no termina aquí. Un ejército de Yao Mings montados en platillos volantes sale de su planeta natal con el propósito de destruir la Tierra y la vida existente en ella. ¿El motivo? Es evidente.
El relato tiene un final cerrado, redondo, perfecto, magistral para un creador anónimo. El globo terráqueo estalla y en su epitafio data la fecha de la destrucción: 21/12/2012.

lunes, 2 de mayo de 2011

jueves, 28 de abril de 2011

¡¡¡LEAN ABAJO, NO SE LO PIERDAN!!!

La cabeza se desplomó con tal fuerza que creó un cráter en el suelo y partió en pedazos varios adoquines. Su mirada, la mirada de un hombre que ha sido decapitado y disfruta (o tal vez no) de sus últimos momentos de vida, perdida, en el vacío, esperando. El capitán, victorioso, se agacha a observar el cadáver de su víctima y empieza a besarlo con fruición. Llevaba mucho tiempo sin hacerlo con alguien y había olvidado ya la molestia que produce dejarse un bigote darliniano, así que optó por arrancárselo de cuajo e inmediatamente procedió al acto.
Acaban de asistir al primer párrafo de un artículo periodístico literario. No importa si tiene sentido o no, su función es simplemente la de enganchar al lector. Luego se enlazarán, de manera más o menos azarosa, con el verdadero contenido del texto. Así de simple. Dicho esto, destinaremos el segundo párrafo a explicar los datos objetivos de lo que he pasado. Fecha y lugar de nacimiento en caso de ser una biografía, el hecho noticioso si es una opinión, etc. En caso de mentira (por ejemplo, has matado a tu perro lo pero quieres negar) es recomendable no contar toda la verdad.
"-¿Qué es lo más difícil que puedes hacer cuando ves una piscina llena de niños muertos? -Contener la erección." (Esto es una aportación propia, por si estaba resultado aburrida la entrada).
El tercer párrafo es un desarrollo de la opinión, y puede (y suele) componerse, a su vez, de varios subpárrafos con apariencia de párrafos normales. De hecho, lo son, y en cada uno de ellos se encuentran ideas diferentes pero todas ellas corresponden al pensamiento del que escribe.
Por último, el párrafo final. Aquí hay algo muy interesante que sucede a menudo. Consiste en cerrar el círculo que se ha abierto en el primer párrafo con el rollo ese del sádico y necrofílico capitán que arranca cabezas. Es una especie de guiño al lector, un gesto de complicidad, de cercanía. Muy importante para que se quede con una buena impresión, ya que las personas tendemos a recordar siempre lo último. Y lo peor.
QUE OS FOLLEN