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sábado, 26 de marzo de 2011

Nuevos modelos de familia: perspectiva socio-jurídica

Levantéme sobre las 9 de la mañana en un ambiente que no era el mío y con un pijama en el que cabían dos Manolos. Tras perder no uno sino dos autobuses llegué a la facultad con unas ganas incontrolables de de dar clases de Historia. Sin boli, sin folio y sin portátil. Por supuesto, tampoco llevaba mochila.
Ya dentro del aula, si es que se le puede llamar así a un recinto que en cualquier momento puede expulsar gases lacrimógenos y liquidarnos a todos ipso facto, la quinta o sexta fila me esperaba. La clase destacó por los rigurosos avances tecnológicos aplicados a la docencia, esto es, por diapositivas que se colocan, tras varios giros y vueltas incomprensibles, en un proyector y luego se muestran borrosos en pantalla. Nuestro profesor, absolutamente sembrado, ayudó con comentarios ocurrentes a que la clase se hiciera mucho más entretenida de lo que ya es. Ejemplo: “Voy a ver si funciona esto que es muy gracioso” (refiriéndose a un láser y apuntando con él a la pantalla).
Pero sin duda el momento más importante del día fue cuando, a las 16:30 de la tarde de un viernes nos citaron en la Facultad de Derecho con motivo de la celebración (nunca he entendido exactamente qué se celebra ahí) una conferencia de Sociología. Cuando el primer amable ponente comenzó a hablar de los dilemas éticos y jurídicos del archiconocido uso del pluripotente cordón umbilical mis dudas quedaron despejadas. Ya sé por qué se celebraba el seminario de Sociología en Derecho: porque trataba de derecho y no de sociología.
Aún así, la primera media hora pasó rápida (creo que por primera vez en todo el texto no estoy siendo sarcástico). La segunda fue más cruda por la chirriante voz de la conferenciante. Por no decir desagradable. Sin embargo, el momento apoteósico llegó con la tercera. La cosa quedó entre el “gravamen máximo”, la “filiación” y otros asuntos de similar índole. Realmente el título de la ponencia la resumía claramente con dos términos que se complementan a la perfección: “fiscalidad y familia” (#FF). Después de esto, descanso para tomar café y 2 cafés más.
Quince minutos más tarde, el 20% de alumnos que no habían desertado nos dispusimos a oír (está bien utilizado el verbo, no es sustituible por “escuchar”) la última y más longeva ponencia. No tengo nada en contra de una persona que se ríe con el onomatopéyico sonido “¡¡¡EJOE!!!”, de verdad, es que mi cuerpo no daba para más. De hecho, parecía hasta interesante de lo que hablaba, pero las constantes referencias al ilegible PowerPoint hacían de la exposición un producto raro. Es por eso que me dediqué a las artes dibugráficas, palabra que me acabo de inventar en un acto de alperreísmo. Sí, “alperreísmo” tampoco existe.
En fin, para que entiendan más lo que ocurrió en esta preciosa y soleada tarde de viernes, dejo aquí mi obra de arte. Como observarán, mis influencias más directas son el cromatismo de los Robotypes, el posimpresionismo de Van Gogh y el Land Art de Robert Smithson.
 PD: Considero que este artículo es totalmente puntuable para la asignatura.

viernes, 18 de marzo de 2011

Teoría del enriquecimiento

La de hoy ha sido una situación bastante interesante. Me encontraba en clase de Sociología y debatíamos sobre el poder adquisitivo. Livia, nuestra profesora y diosa, formuló una pregunta que rezaba más o menos tal que así: “¿Quiénes son los que dan el dinero?”. Rápidamente procedió a autorresponderse: “Los bancos”.
Producto de mi maravillosa imaginación, me dirigí hacia mi compañera para hacer el típico comentario graciosillo (algo así como que iba a decirles que me dieran algo, que tenían mucho), pero de repente el mundo cambió a mi alrededor. Se encendió la bombilla de mi cabeza y, de manera inmediata, todas mis ideas se apilaron ordenadamente en la sesera hasta formar una perfecta teoría para el enriquecimiento.
Comenzaré paso a paso. Antes de nada, debo mencionar que mi ascensión económica tendrá como base la empresa española Telefónica, aunque puede aplicarse a cualquier otro negocio. Lo primero es valorar el capital social de la compañía con la que nos queremos beneficiar. En el caso de Telefónica, éste asciende hasta los 21.730 millones de euros. Una vez sabemos esto, se necesita tener claro cuáles son las ganancias netas de la compañía. Telefónica factura unos beneficios de 7.776 millones de euros anuales.
Cuando ya tenemos claras las cifras que manejaremos viene uno de los pasos más difíciles: hacerse con un préstamo bancario. Supongamos que las condiciones nos permiten obtenerlo y conseguimos la minúscula cantidad de 22.000 millones de euros para invertirla donde mejor nos venga. si hay temor al fracaso empresarial se recomienda reclamar el importe exacto. Nosotros lo utilizaremos para comprar la totalidad de las acciones de Telefónica. Por tanto, nos sobran 270 millones para metérnoslos por el culo donar a los más necesitados*.
Ahora bien, el dinero que presta el banco ha de ser devuelto, y estableciendo que el interés es de un 8%, la cantidad a pagar sería de unos 23.468 millones de euros. Pero no hay de qué preocuparse, ya que gracias al beneficio neto en poco más de tres años el hueco monetario que produce el préstamo está totalmente tapado (7.776 x 3 = 23328).
Por último, ya que mi teoría del enriquecimiento es accesible para todo el cibermundo, quiero hacer un llamamiento a las personas que han leído mi post para pedirles que respeten mis ideas y me permitan obtener la máxima cantidad de dinero posible sin intromisión alguna.
Un saludo.

*Opcional