Había método en su
demencia, en la imprudente manera de rebasar, uno a uno, a todos los vehículos
que circulaban por el estrecho casco antiguo de la ciudad. Descifrando
trayectorias imposibles, consiguió arribar finalmente a los alrededores del
ambulatorio. A tiempo. Nada necesita tanta puntualidad como una ecografía,
pensaba, y por ello había desafiado a la Muerte con su vida. Después un par de
rodeos, la dicha se torno desgracia. Ni una sola oquedad en la franja
habilitada para el aparcamiento. Por si no fuera poco, la angostura de la
manzana anulaba el clásico recurso de la doble fila cuando, de repente, salida
de la nada, presentó sus credenciales la zona para minusválidos. Se escondía
allí, disfrutando tímidamente de la penumbra, mostrando sus encantos a los
atrevidos como él. Nunca antes se había sentido tan atraído por un objeto
inanimado, incorpóreo. Además, se antojaba improbable la posibilidad de multa
dado lo recóndito del lugar, la brevedad del estacionamiento y la incapacidad
del policía para discernir entre vehículo autorizado o no. La decisión estaba
tomada.
Minutos más tarde, unos
quince, nuestro piloto regresaba a sus fieles aposentos con una mueca de
satisfacción. No podía imaginar lo que le esperaba hasta que, a dos metros de
su vehículo, clavó las rodillas en el suelo. En la luna principal, con su
frugalidad habitual, colgaba un papel con tres dígitos claramente destacados.
Nueve, cero, cero. Lo habían multado. No podía explicarse la innata sagacidad
del policía de turno para realizar dicha proeza. ¿Cómo lo había sabido? No pudo
sino resignarse a sufragar el coste de la sanción.
No fue hasta tres años
después cuando vio la luz. Sufría de parálisis, y su mujer lo conducía hasta
aquel ambulatorio. Una nueva ecografía determinaría la gravedad de su embarazo
psicológico. Ya postrados frente al aparcamiento de minusválidos, una
motocicleta de alta cilindrada obstaculizaba el estacionamiento. Una moto,
pensó, ¿cómo va a montar un paralítico en moto?
Y entonces lo comprendió
todo. Porque aquél fue su último día en moto.
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