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domingo, 26 de diciembre de 2010

¿Papa Noel o Los Reyes?


Ha llegado una época cargada de connotaciones. Ha llegado la Navidad. Sin duda, junto con el verano, uno de los períodos favoritos de los niños y probablemente uno de los más odiados por los universitarios, que aprovechan el tiempo y “estudian” para los exámenes de enero y febrero. De hecho, algunos incluso lo emplean para estudiar.
En Navidad las familias se reúnen, se abrazan, se besan, se vuelven a abrazar, duermen, festejan, se emborrachan, conversan, se vuelven a emborrachar… Todo –o casi todo– es felicidad.
El momento álgido llega con los regalos. Todos los padres disfrutan como niños al ver la cara de emoción y alegría de sus críos, y ellos viendo la recompensa a su “ejemplar y caritativo” comportamiento.
La pregunta es: ¿Papa Noel o Los Reyes? ¿Cuándo se debe regalar a los pequeños? La tradición dice que el 6 de enero, pero San Nicolás la ha hundido prácticamente en estos últimos años. El motivo se podría explicar con el viejo refrán que dice que “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Cuanto antes se hagan los regalos, más tiempo hay para jugar con ellos. Además, la tradición últimamente está cayendo en picado. El mismo Santa Claus era antaño verde y su color fue sustituido por el interés y la fuerza de Coca Cola.
Yo me decanto por el Viejito Pascuero como premio gordo y por los Reyes de Oriente como objeto simbólico para no olvidarse de lo que un día fuimos.
Nada más.

viernes, 17 de diciembre de 2010

No siempre empieza bien todo

El planeta está plagado de gente extraña, aunque para eliminar los tintes peyorativos prefiero utilizar el término "llena". Sí, llena de individuos cuyos comportamientos y hábitos son diferentes a los de la multitud. ¿Y es eso malo? Pues, como todo, depende. En cualquier caso, todo es criticable: si tu conducta es normal, eres un borrego; si es extravagante, eres raro.
Me centraré hoy en uno de los muchos tipos dentro de estas excentricidades de la sociedad: los frikis.
Aunque, antes de comenzar, quiero aclarar que no soy ningún experto en clases sociales. De hecho, sólo soy otro periodista diletante.
Jose, un amigo mío, es una de esas personas que tienen agorafobia y pánico a los traqueteos de los autobuses. Tampoco soporta a los animales cuadrúpedos (ni bípedos) o el agua, ya sea piscina o playa. En síntesis, una perla. O quizás una eminencia incomprendida. El caso es que padece lo que Dan Kiley denominaría "Síndrome de Peter Pan": inmadurez social y psicológica y, en ocasiones problemas sexuales (prefiero obviar esta última característica). La robofilia o la ludopatía hacen a Jose único: prefiere la compañía de máquinas a la humana. Sus mejores experiencias las ha vivido con los videojuegos, y las peores... posiblemente también. Su vida gira en torno a ellos, y todo lo que implique tenerlos lejos produce malestar y náuseas.
Asuntos como éste hacen que uno se pregunte: ¿qué es cumplir años? Evidentemente, consiste en celebrar el aniversario del nacimiento. Pero, ¿y ser mayor de edad? En España esta mayoría se obtiene a los 18 años, y conlleva que la persona en cuestión ya ha adquirido la capacidad de obrar con la suficiente madurez intelectual y física. Ahora bien, ¿individuos así son dignos de tal designación?
Probablemente gran culpa de su excesiva dependencia (no sólo de los aparatos electrónicos, sino también de su hogar y sus progenitores) la tenga la educación que ha recibido de sus padres. Una educación sobradamente proteccionista tiene estos resultados, pero no hay que excluir de responsabilidades al sujeto.
La conclusión a la que se llega es sencilla: ni tengo tema para escribir ni ganas.
Volveré.