El planeta está plagado de gente extraña, aunque para eliminar los tintes peyorativos prefiero utilizar el término "llena". Sí, llena de individuos cuyos comportamientos y hábitos son diferentes a los de la multitud. ¿Y es eso malo? Pues, como todo, depende. En cualquier caso, todo es criticable: si tu conducta es normal, eres un borrego; si es extravagante, eres raro.
Me centraré hoy en uno de los muchos tipos dentro de estas excentricidades de la sociedad: los frikis.
Me centraré hoy en uno de los muchos tipos dentro de estas excentricidades de la sociedad: los frikis.
Aunque, antes de comenzar, quiero aclarar que no soy ningún experto en clases sociales. De hecho, sólo soy otro periodista diletante.
Jose, un amigo mío, es una de esas personas que tienen agorafobia y pánico a los traqueteos de los autobuses. Tampoco soporta a los animales cuadrúpedos (ni bípedos) o el agua, ya sea piscina o playa. En síntesis, una perla. O quizás una eminencia incomprendida. El caso es que padece lo que Dan Kiley denominaría "Síndrome de Peter Pan": inmadurez social y psicológica y, en ocasiones problemas sexuales (prefiero obviar esta última característica). La robofilia o la ludopatía hacen a Jose único: prefiere la compañía de máquinas a la humana. Sus mejores experiencias las ha vivido con los videojuegos, y las peores... posiblemente también. Su vida gira en torno a ellos, y todo lo que implique tenerlos lejos produce malestar y náuseas.
Asuntos como éste hacen que uno se pregunte: ¿qué es cumplir años? Evidentemente, consiste en celebrar el aniversario del nacimiento. Pero, ¿y ser mayor de edad? En España esta mayoría se obtiene a los 18 años, y conlleva que la persona en cuestión ya ha adquirido la capacidad de obrar con la suficiente madurez intelectual y física. Ahora bien, ¿individuos así son dignos de tal designación?
Probablemente gran culpa de su excesiva dependencia (no sólo de los aparatos electrónicos, sino también de su hogar y sus progenitores) la tenga la educación que ha recibido de sus padres. Una educación sobradamente proteccionista tiene estos resultados, pero no hay que excluir de responsabilidades al sujeto.
La conclusión a la que se llega es sencilla: ni tengo tema para escribir ni ganas.
Volveré.
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