El otro día escribí una entrada. Fue anteayer, y mi inspiración había llegado a su momento álgido. No podía creer lo bien que estaba escribiendo, las palabras me salían solas. Casi no estaba tecleando y la pantalla se llenaba de letras que formaban un conjunto tan perfecto que parecía que hacían el amor entre ellas. Una orgía de caracteres. Las vocales aprovechaban su minoría numérica para pillar cacho de cada una de las consonantes. Incluso se llegaba a ver incesto entre letras del mismo origen.
Yo estaba orgulloso de mí mismo y de mi composición. La perfección platónica plasmada en un documento de Word, en http://solosoyotroperiodistadiletante.blogspot.com/. La idea de artículo. Entonces, divagué en lo más profundo de mi mente y empecé a pensar en las repercusiones que tendría tal maravilla. Seguramente varios diarios locales se harían eco de lo que escribí, de ellos pasaría a algunos nacionales. Todos fascinados con mi entrada. El País, La Razón, El Importuno, El Mundo.
Mi teléfono se convertiría en objeto de deseo. Me querrían como colaborador. A mí, a un joven estudiante de primero de Periodismo que apenas tiene 17 años (en realidad tengo 18, pero decirlo me hace sentir un anciano). Quizás, seguramente, obtendría el Premio Nobel de Literatura, consagrándome como uno los mejores escritores de la historia. A la altura Selma Lagerlöf, Ivo Andric, Kawabata Yasunari o Mario Vargas Llosa entre otros ilustres.
Entonces, accedí a http://www.blogger.com/home, introduje mi nombre de usuario y mi contraseña (“123456”) y cliqué en NUEVA ENTRADA. Pegué lo que había escrito y pinché PUBLICAR ENTRADA. El goce fue inefable. Rápidamente pulsé en la herramienta de Twitter para compartir el placer con mis más acérrimos seguidores (la mayoría, políticos de UPyD), pero incomprensiblemente no funcionaba. Le di una, dos, diecisiete, cuatrocientas ochenta y dos veces; agujereé el ratón con mi musculoso dedo índice derecho; pateé el teclado de mi portátil. Pero seguía fallando. Era esto.
Conclusión: mi texto está en paradero desconocido. Quizás se haya convertido en la nueva X de los Gal, o trabaja con Hitler de camarero en Argentina, o esté oculta entre la lista de Bildu, o está con Gil dondequiera que éste se encuentre. Pero en mi ordenador no está, y en la web tampoco. Así que os quedáis sin leerla. Y yo sin mis riquezas.
5 €
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